En enero de 1999 su Santidad Juan Pablo II visitaría México por cuarta ocasión. Entre el Papa y este país se había establecido una comunión especial, una historia de amor correspondida. El Pontífice quería mucho a México por la gran devoción que profesaba a Santa María de Guadalupe y los mexicanos mostraban afecto al Papa por su carisma y por su peculiar conexión con los jóvenes.

 

En las anteriores visitas de Juan Pablo II muchos jóvenes mexicanos se habían convertido a la fe católica, habían conocido a su futura pareja, habían tomado acertadas decisiones importantes sobre su vida o habían descubierto su verdadera vocación profesional. Y esta nueva visita no iba a ser la excepción.

 

Meses antes del acontecimiento, el joven Santiago Barona, un estudiante de derecho con inquietudes empresariales, que en ese entonces tenía un negocio de renta de inflables para fiestas infantiles, aceptó una invitación para tomar un adiestramiento con el batallón de tropas de asalto del Estado Mayor Presidencial. 

Fue su primer acercamiento formal con el mundo de la seguridad. Para la estancia de Juan Pablo II en México, por políticas del Vaticano, ninguna institución de seguridad federal o perteneciente al Estado podía ofrecerle servicios de seguridad a su Santidad. 

Estaban en busca de personas civiles que estuvieran capacitadas y fueran de entera confianza. siendo un civil con capacitación en seguridad, le ofrecieron a Santiago formar parte del primer círculo de seguridad del Papa, que es el primer grupo de personas que impiden que la gente se acerque a su Santidad, durante su visita a México.

El joven estudiante de derecho no lo dudó dos veces y aceptó. Durante esa experiencia, Santiago Barona desarrolló un sentido de amor y ganas por incursionarse en la industria de la seguridad. Lo vivido por Santiago durante la visita de Juan Pablo II, le permitió conocer qué es planificar, qué es formar una valla, qué es hacer un trabajo logístico previo a un evento, qué es vigilar un traslado y qué es controlar un arribo.

 

 

Ahí se apasionó con la seguridad y después del evento empezó a ver cómo le podía dar continuidad y se adentró en el negocio de la seguridad. Aunque Control sólo había nacido en su mente, desde entonces estaba convencido de que iba a conformar la mejor empresa de ese ámbito en todo el país. Así fue como, durante la visita de Juan Pablo II a México, Santiago Barona descubrió su verdadera vocación profesional.

 

 

Ya con la experiencia de formar parte del primer círculo de seguridad del Papa Juan Pablo II, en su visita a México en 1999, y con la convicción de formar la mejor empresa de seguridad privada en México, Santiago Barona le ofreció a un tío suyo, que tiene un rancho, la seguridad para controlar los dos accesos con los que cuenta. Para poder ofrecerle el servicio a su tío, Santiago, que se encontraba cursando la universidad, utilizó el dinero que tenía destinado para su colegiatura para pagar la nómina de los dos primeros guardias que contrató.

 

 

Con este tipo de acciones, Santiago Barona, demostró desde el inicio que contaba con una actitud sin miedo a experimentar y sin miedo al crecimiento. No tenía ni un peso en la bolsa, pero aún así se atrevió y aventuró a empezar a trabajar. Aunque en los inicios no contaba con una empresa registrada y una estructura sólida, desde ese entonces se hacía llamar Control, ya que le gustaba mucho el significado del término.

Con el paso del tiempo las necesidades del rancho crecieron y el estado de fuerza se incrementó a dos guardias por turno, a la par que el Lic. Santiago decidió ofrecer sus servicios a más familiares y amigos. Fue en ese entonces que uno de sus tíos, que es un apasionado a los toros, lo promovió para que prestara servicios de seguridad en la plaza de toros de Juriquilla, Querétaro.

 

Santiago, al ver que el negocio iba creciendo, formó grupos de aproximadamente 10 personas que cubrían eventos esporádicos en Querétaro y los controles de acceso de la plaza de Toros en Juriquilla. Al ver que la dinámica funcionó bien, la comenzó a implementar en el Distrito Federal, cubriendo, los viernes y sábados, el control de acceso de varios locales en la zona de Polanco. Gracias al buen trabajo que realizaban, la publicidad de boca en boca le fue trayendo más clientes a Santiago.

 

Para poder empezar a trabajar con los nuevos clientes que lo buscaban, el Lic. Barona tenía que registrar a Control como empresa prestadora de servicios de seguridad, por lo que dedicó, con su equipo de trabajo, varias noches sin dormir a realizar las políticas de seguridad y elaborar los procesos y procedimientos.

 

Gracias a todo el trabajo realizado, Control nació formalmente en el 2003, quedando registrado en ese entonces como Control Seguridad de Protección y Custodias.